El Dance Laurentino

18. Agosto 2009 | Por Alberto Turón Lanuza | Categoria: Etnografía, Música tradicional

El 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, es un día solemne para los oscenses, que celebran sus fiestas patronales. Este año una vez más, el protagonista de la fiesta ha sido un vistoso y animado dance de palos y espadas.

El dance de Huesca parece haber existido ya en el siglo XVI, aunque las primeras referencias escritas que se han encontrado son de bien entrado el siglo XVIII. Inicialmente se acompañaría, es de suponer, con un salterio, o chicotén, instrumento utilizado en la música medieval. En el siglo XIX el instrumento utilizado para interpretar su música era la gaita, aunque a mediados del siglo se sustituyó ésta por el conjunto de músicos de la Catedral, con el fin de darle más solemnidad a la ceremonia. Posiblemente sea ésta la razón por la que el dance de Huesca no se ha llegado a perder nunca, sino que por el contrario su popularidad ha ido en aumento gradual.
La sustitución del gaitero por los músicos de la Catedral presenta un curioso problema: los nuevos instrumentos no son adecuados para interpretar estas melodías, pensadas posiblemente para gaita de boto. La capilla de la Catedral estaría probablemente compuesta, como era habitual durante el siglo XIX, por violines, violas, trompas, fagotes, oboes, flautas, clarines y clarinetes; instrumentos utilizados en la música renacentista por músicos de profesión y cuyas características la hacen muy diferente de la música creada tradicionalmente para la gaita, habitualmente por músicos populares sin gran instrucción. Esto hizo pensar en la conveniencia de renovar las melodías del dance, labor que recibió por encargo el músico oscense Valentín Gardeta.
Nacido en 1835, Gardeta fue un joven maestro, que a sus 19 años ocupaba la plaza de profesor de música del Colegio Imperial de Santiago, en Huesca. Por encargo de la ciudad, el Ayuntamiento o los propios danzantes, Gardeta adaptó a instrumentos de banda las melodías conocidas como las Espadas, los Palos Viejos y los Palos Nuevos, creando los majestuosos arreglos que hoy hacen vibrar a oscenses y foranos cada 10 de agosto.
Otra de las melodías de este dance, el Degollau, fue compuesta en el año 1955 por el maestro Francisco Román Aguilar, músico militar destinado en Huesca por aquella fecha. El Degollau era una de las antiguas piezas que componían el dance; solía interpretarse al son de la melodía de las espadas, pero con el paso del tiempo y a causa de la dificultad de ejecutar la danza a ese ritmo, se había ido sustituyendo la melodía original por un pasodoble.
Francisco Román, quien tras su llegada a la ciudad trabó amistad con los danzantes, recibió el encargo del mayoral de componer una melodía adecuada y que no desentonara en solemnidad con el resto. Así surgió la que él llama Recuerdo de Huesca y que en el dance se interpreta con la denominación de el Degollau.
Por último, entre las melodías del dance de Huesca se encuentra el famoso Vals de las Cintas, obra de otro compositor oscense, Emilio Gutiérrez Féliz, músico mayor del ejército y galardonado con varios premios de composición, ligado a la banda de música de Campo de Criptana, en Ciudad Real, a la que legó su archivo de partituras, que precisamente ahora se está catalogando.
Este año, por San Lorenzo, en la ciudad de Huesca han vuelto a sonar estas bellas y sobradamente populares melodías al ritmo de los palos y las espadas de los danzantes; la Plaza de San Lorenzo ha vuelto a ser una explosión de blanco y verde, aroma de albahaca y vivas a San Lorenzo mientras los Danzantes ejecutaban sus danzas de espadas, palos y cintas. Alegría desbordada en una festividad que año tras año tiene como protagonista el ritmo bravo y la animada música de este dance.

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