Ruta de oficios y tradiciones: el molino harinero de Luna

25. Noviembre 2009 | Por Ferran Marín i Ramos | Categoria: Etnografía, Oficios

El próximo 28 de octubre se podrá visitar la restauración del molino hidráulico de Luna con motivo de la celebración de la Ruta de Oficios y Tradiciones, promovida por Adefo y la Comarca de Las Cinco Villas (descargar programa desde aquí).

Descripción y notas históricas

Es un soberbio edificio del siglo XV (o puede que algo anterior) realizado en buena piedra sillar, perfectamente escuadrada, lo que le confiere un aspecto de robustez, pero en absoluto austero. Sin embargo ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos como puede observarse en la sucesión de materiales presentes en sus muros.

Fachada del molino antes de su restauración

Fachada del molino antes de su restauración

Del edificio original se conservan las primeras hiladas de sillares, los sillares esquineros y el cárcavo, cubierto con una imponente bóveda de crucería.

Al lado de su portada adintelada puede leerse la inscripción “1496”, acaso un recordatorio del año de su edificación, seguramente muy posterior, pues sorprende el empleo de números árabes tan grandes cuando lo habitual era usar numeración romana, más discreta, en el dintel mismo o sobre él.

Tenemos constancia de la existencia de molinos hidráulicos en Luna desde fechas muy tempranas, siendo el de Obano el primero del que tenemos noticia, pues aparece citado en un documento en enero de 1094 por el que el rey Sancho Ramírez y la reina Doña Felicia donan a San Juan de la Peña los diezmos de varios lugares.

Asso informa en 1768 que el cabildo (ayuntamiento) de Luna desestima la petición de construir una tahona, un molino harinero accionado por caballerías, por considerar excesivo el coste de la obra y por creerla innecesaria.

Junto al edificio, en el último tramo de la acequia, había una fuente sencilla con tres caños conocida popularmente como “el chorro” de la que no quedan apenas vestigios.

Partes del Molino

Esquema de funcionamiento de un molino hidráulico

Esquema de funcionamiento de un molino hidráulico

La acequia es la primera parte visible, es la que transporta el agua hasta la balsa del molino, en donde se almacena para su posterior uso como fuente de energía. Normalmente era una zanja excavada directamente en la tierra aunque en los tramos más débiles se reforzaba con grandes losas de piedra. La acequia del molino discurre por encima de él y tenía dos tramos: el que alimentaba la poza y el que pasa directamente por el cárcavo y que alimenta otro sistema de acequias menores. La dirección del agua hacia el molino o la acequia se regulaba con una tajadera de grandes dimensiones, que aún se conserva.

El molino debía funcionar durante todo el año por lo cual era muy importante asegurarse la provisión de agua incluso en los periodos más secos, motivo por el cual se construían balsas para su almacenaje. Este molino tiene la peculiaridad de poseer dos balsas, una característica no muy habitual en España. La balsa principal es rectangular, de grandes dimensiones y está situada por encima del molino, detrás del edificio que vemos, seguidamente nos encontramos otra balsa más pequeña bajo la cual está el cubo (v. imagen izquierda), en donde el agua se concentraba y acumulaba la suficiente presión y fuerza para, una vez liberada, mover el rodezno. El de este molino tiene forma cilíndrica. La parte inferior del cubo acaba en una pequeña tubería, el caño, que transcurre por el interior de la pared del cubo directamente hacia el cárcavo, esa especie de cueva que vemos debajo del edificio del molino.

La parte final del caño se denomina botana, la cual posee una puerta (rasera o tajadera, imagen izqda.), que mediante una barra de hierro, la gayata, que manejaba el molinero desde el interior, le permitía abrir y cerrar a necesidad o conveniencia el paso del agua al rodezno.

El rodezno o rodete es una rueda de madera o hierro formada por un número variable de radios (llamados alabes), donde incidía el agua para hacerlo girar. El rodezno está montado sobre un eje vertical, cuya parte más próxima se le denomina árbol (v. imagen derecha), de madera, en su parte superior aloja el barrón, fabricado en hierro, y de altura variable dependiendo de la arquitectura del molino. Bajo el rodezno, y unido al árbol como prolongación del mismo, se encuentra otra pieza, el punto, que se aloja en el dado, algo parecido a un cubilete fijado en el suelo del cárcavo, a modo de rodamiento. El molino de Luna contaba, en el cárcavo, con dos pozas que alojaban sendos rodeznos, lo cual nos da una idea de su importancia y del volumen de trabajo que este molino soportaba. De estas pozas una aún conserva el árbol protegido por una estructura metálica, la otra lo ha perdido y ninguna conserva ya el rodezno. En ambos puede verse aún la botana, una de ellas intacta.

Bajo el rodezno se encontraba el aliviador, que es un mecanismo que permite elevar el rodete y así acercar a juicio del molinero las muelas entre sí, para que la molienda sea más o menos fina, dependiendo del cereal. Se manejaba también desde la sala del molino.

Finalmente, el cárcavo (v. imagen izquierda) es una galería, por lo general abovedada, situada bajo la sala del molino, que albergaba el rodete, el árbol, el dado, la botana y el aliviador. Desde el cárcavo el agua volvía a su cauce originario, en este caso la acequia.

La sala del molino se sitúa sobre el cárcavo, en la planta calle del inmueble. En ella el elemento más importante son las muelas, siempre dos, la de abajo fija (solera) sobre una mesa de obra y la de encima movible (volandera). Una de ellas puede verse en el exterior sustentando el puente de acceso al molino. Las ruedas tenían grabadas unas estrías (rayones) que eran las que permitían moler el grano y desplazar la harina. Con el uso estas marcas se desgastaban por lo que había que marcarlas de nuevo en una operación que se llamaba afilar las ruedas, las estrías superficiales se afilaban varias veces al año, mientras que las profundas se afilaban una sola vez cada año.

El tambor o guardapolvo, realizado en madera, cubría las muelas, y su misión era evitar que la harina quedase extendida alrededor de las muelas, dirigiéndola a un único punto de salida, que era donde se encontraba el harinal. La tolva es un depósito elaborado en madera donde se colocaba el grano a moler para alimentar a las muelas.

Finalmente, el harinal o harinera es un cajón de madera que se sitúa bajo el hueco del tambor. En él se acumula la harina molturada antes de llenar los sacos.

El agua en la molienda, funcionamiento del molino.

El molinero comprobará, en primer lugar, que la balsa se encuentre a plena capacidad para iniciar la molienda. El agua de la balsa pasará al cubo, y de allí, a través del caño, al rodete. Ayudado por la gayata, el molinero abrirá el paso del agua, la botana, dejando discurrir en mayor cantidad al principio a fin de lograr que la fuerza del agua imprima movimiento al rodete. Una vez puesto en funcionamiento, regulará la cantidad de agua que debe incidir dependiendo del tipo de cereal que se vaya a moler, que necesitará de una mayor o menor velocidad. Una vez cumplida su misión de alimentar el rodete, el agua volverá a su cauce. Antiguamente el pago al molinero por sus servicios se realizaba con una porción del grano molido.

Ocaso, transformación y abandono del molino

Construida la harinera industrial de El Frago el molino de agua de Luna deja de ser rentable, aunque fuentes orales nos confirman que estuvo en funcionamiento hasta hace tres o cuatro décadas aproximadamente. Finalmente, cayó en desuso y el edificio fue abandonado.

El futuro

El Ayuntamiento de Luna quiere darle un nuevo impulso al molino como centro de interpretación de oficios relacionados con el agua. La primera fase, la que ahora se nos presenta, ha consistido en su total reconstrucción, algo de lo que nos congratulamos.

Fuentes:

Campo Betés, Joaquín. “Molinos harineros de agua”. Cuadernos (Calamocha: Centro de Estudios del Jiloca), nº 15, 2002, págs. 23-36.

Ilustración: El molino de Zagrilla

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